Nunca antes había llegado tan lejos. Nunca en todos los años a la redonda que llevo metido “en esto de internet” había logrado lo que hoy lograré en cuanto pulse el botoncito naranja que dice “publicar entrada”.
Señoras y señores, nunca he escrito una segunda entrada en un blog. He hecho miles, millones de blogs de prueba, para ver qué se sentía poniendo una serie de palabras escritas unas detrás de otras en “eso del internet”. Probaba con diferentes diseños, maneras de publicar fotos, plantillas,… Pero de contenido, “na de na”. Como el que fabrica cajas vacías que solo él puede llenar y no llena. O cuadernos en blanco.
Pero, igual que a los cochinitos con su San Martín, a todo ser humano le llega su momento (pero no tan malo). El momento de batir sus propias marcas. Hay quien salta ayudado por un palito (largo, de fibra de vidrio, pero palito al fin y al cabo) unos centímetros más alto que los demás. Hay quién hace un par de largos de una piscina olímpica en pocas milésimas menos que el mejor. Y hay quien corre en un tiempo récord (sin león que le persiga) todos y cada uno de los kilómetros maratonianos que separan la linea de salida de la línea de meta.
Y hay quien, a pesar de no haber estado nunca en Estocolmo y tardar una eternidad en decidir cosas tan trascendentales como el sabor de un helado, consigue hacer su segunda entrada en un blog. Todo un record.
¡ Bien, Bien ! ¡ Viva, Viva!



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