Aunque ya hace tiempo que comenté aquí en el blog que quería hacer algo con fieltro, no ha sido hasta que las pequeñas obras de arte de la señorita deTamble me han animado a convertirme en creadora, en pequeña “diosa” de las pequeñas cosas. Y me ha encantado. Conozco mis limitaciones (aunque las olvido rápido) y sé que nunca podré hacer creaciones de este tipo perfectas, como Nuria, que es mañosísima, puede hacer. Soy impaciente, un poco fullera, torpina con las manos y en fin, no sólo porque no las puedo hacer de otro modo, sino porque no quiero hacerlas de otro modo, serán así, imperfectas. Y nacen con un propósito. Recorrer el mundo de la mano de la gente a la que quiero, vivir esas vidas (pequeñas espías) que ya comenté que yo no podría vivir. Pero ellas sí…
Y así lo quiero.
En un primer momento me quise quedar con la primera. Pero tendré aún el síndrome de Juno, que incluso mientras la hacía ya sabía que no era mía. Era mía pero no solo mía. Era de Maika. ¿Por qué? no lo sé. Solo sé que sabía que la pequeña que empezaba a surgir se llamaba Maika, y que al día siguiente, si me daba tiempo de terminarla, luciría en la reluciente bata de enfermera de la adorable y cariñosa Maika. Y así ha sido. 
Hoy he hecho a Momoko. Momoko, que es japonesa, y que se llama así porque ese nombre sale en un libro de Murakami. Y porque se parece un poco a Maca, que es a quien va a ir dirigida. Y será una sorpresa para ella, porque Maca nunca lee el blog, siempre está ocupada en mil asuntos que a mí me encanta que me cuente, y en dibujar palabras. Ella hace caligrafía japonesa. Es una alumna aventajada, mezcla con delicadeza las tintas, dibuja sin prisas. Desde luego, Momoko no podía ser de otra persona. 
Y las dos andarán solas, ya lejos de mí. Maika podrá disfrutar de los perros (a los que mi alergía le habría impedido acercarse). Momoko vivirá aventuras como las que acaba de vivir Maca en Nueva Orleans, y se reirá mucho, fuerte y claro, como se ríe mi amiga Macarena.
Ya os iré contando de mis nuevas niñas (las muñecas imperfectas), que tienen la cara redonda, como su madre, con los lados desiguales, que bailaran con las bailarinas del agua, Tribal con Lili, que montarán en moto con Nuria, que sacarán cosas de su bolso con Pilipili, que se irán de misiones con la bella Uri, al instituto con Belén, escribirán poesía con Mª Fernanda o serán tan sexis como Nines, tan flamencas como Silvia o Chus, o embarazadas como Yoly, curarán tristezas como Ana y Olga, recorrerán el mundo con Ángela… Y que tienen tantas imperfecciones como tengo yo.
Así las quiero.
Una chica de Marte
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