Los egos.
A veces son suaves e inspiran ternura. Los ves ponerse de puntillas, inflar los carrillos, sacar barriga para hacerse grandes. Y te hacen sonreir. Porque los ves vulnerables y les coges cariño. A veces son como la propia persona a la que acompañan(los egos pueden ser de cualquier tamaño, creo), se adhieren a ella como una segunda piel, y acarician siempre. Según todos los manuales, estos son los 90-60-90 de los egos, la medida ideal. En este tamaño son, para la persona que acompañan y para que los que rodean a dicha persona, como una crema de factor alto, te protegen sin que tengas que evitar exponerte al sol. O como un buen almohadón que te amortigüa cuando te caes. O como un buen vino que te hace sacar la sonrisa en las situaciones más complicadas. Todas estas cosas y muchas más.
Aunque de todas formas, los egos son juguetones. Cambian según quien los mire. A ti te pueden parecer proporcionados, y quizás ante mis ojos son enormes o diminutos (o las dos cosas, porque a veces van juntas). Son curiosos estos egos.
Todos los tenemos. Bailarinas, escritores, funambulistas, enfermeros, jardineros e incluso biólogos. Todos andamos bailando con nuestros egos. Y lo hacemos casi sin darnos cuenta, porque otra cosa llamativa es que sólo distinguimos el ego de los demás. El nuestro siempre es más difícil de identificar, juega a esconderse detrás del de los otros
A veces son molestos. Imagínate un camerino de baile en agosto. Las bailarinas, los trajes, las alas, candelabros, nuestros egos… Es agobiante. Pero se hace, porque ya los vamos conociendo y a algunos incluso hemos aprendido a quererlos. O por ejemplo cuando van a determinar la posición en que bailas. Si vas delante, si vas detrás, si sales en compañía, si eres la última… Es divertido, porque nosotras nos quedamos detrás y salen todos nuestros egos a pelear. Y yo a veces cruzo los dedos sin que mi ego lo vea (porque son tremendos) esperando que no sea el mío el que gane. Porque es un inconsciente y olvidadizo, como yo, y no se acuerda de que a menudo se me olvidan las coreografías y prefiero estar detrás y así tengo alguna referencia. Pero no hay quien se lo explique, menudos son!!!
Son unos liantes. Te confunden y tienen respuesta para todo. Y son lenguarones. Y nunca se equivocan, ay estos egos nuestros. Nos ponen las manitas alrededor de los ojos para que no veamos nuestros fallos. Y nos dicen que no somos nosotros, que son los demás, qué es la envidia, qué somos demasiado buenos, que es que los demás no entienden.
A veces no los soporto (los de los demás, porque como el mío se esconde y me cuesta verlo, y cuando lo veo me pone cara de santo…). Cuando van vestidos de divas, y pintarrajeados. Y me pongo seria, e incluso mi propio ego se asusta. No me gusta sobrealimentarlos. Los egos son profundamente voraces, se hinchan, se hinchan, y entonces es muy fácil romperlos. Y lo hago casi como una terapia de salud para ellos. Son tan frágiles. Pero después me siento mal. Porque ellos no lo entienden, y los veo mirarme con ojitos tristes como diciendo, pero es que no te has dado cuenta, soy bonito, soy hermoso, no te cuesta nada mimarme. A veces me mantengo estricta, pero según con que egos, que son mis predilectos, me comporto como una tía malcriada y los arrullo. Y sonrien.
Tienen una bonita sonrisa.
PD.-Para saber de cronopios y famas, os remito al inigualable Julio Cortazar.
Por una chica de marte









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