Acordarnos (1 versión sin revisar)

El circo llegó a la ciudad con las primeras lluvias.  No había demasiadas cosas que hacer en aquel lugar, y todos se dejaron envolver por los colores, las ilusiones y las sorpresas que prometían los extraños seres de ese mundo ambulante.

Estaban los tristes payasos. Esos hombres altos y arrugados con la cara pintada que hacían reir y a la vez daban escalofríos. La mujer barbuda. Esmeralda, la adivina que parecía tener mil años. Casetas de tiro al arco, puestos de algodón dulce. Y estaba él.

Tenía un cartel descolorido en el que tan solo se apreciaba un máquina inmensa y un hombre pequeño y sonriente. Debajo decía: Te devuelvo tus recuerdos.

La gente hacía cola delante de su puerta. Todos, grandes y pequeños, querían volver a recordar cosas que ya no estaban nítidas, que habían volado a aquellos lugares donde vuelan las cosas, donde se nos escurren como agua de un río. A aquellos lugares donde ya no vuelven. Pero el sabía donde estaban, podía encontrarlos, podía apresarlos, y mediante ese extraño artilugio que proyectaba imágenes en una pantalla, podía mostrarlo a aquella persona que deseaba recuperarlos.

Pero las cosas no fueron como esperaba. Emily, la vieja Emily entró la primera. Tenía la mirada nerviosa de una niña y las ganas aún sin desembalar de volver a bailar por primera vez con John, que ya hacía años que había muerto. El pequeño hombre se concentró, cerró los ojos y las imágenes empezaron a sucederse delante de los maravillados ojos de Emily. Emily sonreía y se apretaba las manos. Podía verse de nuevo,  con quince años, de la mano de John y vestida de malva. Sin embargo algo la desconcertó. Yo.- murmuraba.- no tenia granos. Mi cara era hermosa y tersa. Y aquel traje me quedaba mucho mejor. Seguía mirando mientras en la pantalla John la llevaba al salón de baile que ella recordaba mucho más grande de lo que veía. En el momento en que sonó su canción vió a John que la agarraba del brazo, con muchísima menos ternura con la que ella una y otra vez le había contado a sus nietos que había hecho.  Él tampoco era tan alto. El beso no fue exáctamente cuando empezó a sonar el estribillo y ella no reía tanto como se había repetido una y otra vez que había hecho. De pronto Emily recordó que sí que tuvo granos y que nunca había tenido la cintura de avispa de la que había presumido cuando ya los años la habían hecho dejar de llevar vestidos malva.

.-No, no, no fue así, no pudo ser así.-Dijo Emily mientras las lágrimas le resbalaban por la cara. No quiero ver más, y se marchó hecha un mar de lágrimas.

Eso no desanimó a los demás, que uno por uno entraron en aquella habitación cerrada con lonas, en el que tuvieron su pasado frente a frente, sin la piedad que el tiempo le impone a los recuerdos, sin la clemencia con la que maquillamos todo tiempo anterior. Y uno tras otro salían desconsolados, negándose a admitir que de verdad nunca habían sido tan hermosos como recordaban, nunca habían sido tan populares, o que aquel vestido que significaba toda una juventud, no era hermoso, no estaba planchado cuando había sido llevado.

Luego el circo se fue. Se fue a otro lugar a llenarlo de acrobacias y fanfarrías. De colores. De sabores. Y de tristes payasos. Y también se fue aquel pequeño hombre. Con su máquina. Se marchaba triste, confuso, comprendiendo que a veces necesitamos inventarnos. Que transformamos lo que vemos y lo que recordamos. Y que todo eso, a veces es necesario. Algunos dicen que siguió con su máquina sembrando tristeza. Otros sin embargo comentan que se cansó de todo aquello. Que se hizó con espejos deformantes. Y que aquello a la gente le gustaba mucho. Salian riendo, comentando que que gordas se habían visto en el primer espejo, y que la cabeza que se veían en el cuarto era descomunal. Reían porque en el tercer espejo eran delgados como un espaguetti. Y seguían riendo sabiendo que ellos no eran así, que sólo era una ilusión, que ellos eran de otra forma, y que un día, hace ya tiempo, habían llevado un vestido malva que, sí, estaban seguros, había sido hermosísimo…

 

Por una chica de marte.

 

Y de regalo esta canción de Silvio que me encanta

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2 Responses to “Acordarnos (1 versión sin revisar)”


  1. 1 picomike agosto 10, 2008 en 10:32 pm

    Qué gran verdad es esa! Aunque también hay recuerdos que sí merecería la pena recuperar, pero claro, como no los recordamos tampoco echaremos de menos nunca su ausencia.

    Siempre es una alegría leer un relato marciano!

  2. 2 Chica de Marte agosto 10, 2008 en 10:34 pm

    Muchas gracias, Picomike.También son siempre una alegría tus visitas.

    bess


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