Archive for the 'Anécdotas' Category

La libreta de favoritos.

Como hace mucho tiempo que no escribo un post os cuento una pequeña anécdota. Hoy hacía la primera comunión mi sobrino Manuel (hijo de mi prima, que yo no tengo hermanos…) y nos hemos reunido toda la familia, como es normal.

El abuelo de mi sobrino me contaba con entusiasmo que ha descubierto internet a sus sesenta y tantos años, gracias a un curso de esos que da el ayuntamiento a los jubilados. Y me contaba como se baja de internet cosas, como edita los videos de su cámara DV (sí, tal y como suena) y como chatea con su nieta (mi sobrina) que vive en el piso de abajo.

Lo que más me ha sorprendido es su libreta de direcciones. Ve en algún sitio alguna dirección, la apunta en la libreta y luego la teclea. Ni menú de favoritos, ni barra de favoritos, ni nada,… libreta de favoritos. Como cuando se apuntaban los teléfonos en una agenda de papel. Como cuando se apuntaban las direcciones en un papel. Me ha parecido una entrañabilísima mezcla de lo digital y lo analógico, del papel y el ADSL. Que bonito.

Y ahora que lo pienso, creo que para guardar todos mis favoritos necesitaría algo así como un tomo de las páginas amarillas. Seguro.

Por el señor DeTamble. Publicado con autorización.

Semana Santa. Long time ago…

A riesgo de parecer capillita (que no lo soy), o un sevillanito (que tampoco lo soy) voy a contaros una historia sobre algo que puede parecer muy poco molón, muy poco cool. La Semana Santa Sevillana.

Hace algunos años ya que no veo un paso de Semana Santa. Hace bastante tiempo que no estoy en Sevilla durante esta semana. Hace mucho que no huelo el incienso mezclado con el azahar, que no me meto en una bulla de gente, que no espero horas para ver pasar una cofradía ni, por qué no decirlo, miro con cierta admiración los pies de los costaleros asomándose por los faldones de un paso. Ahora me voy a la playa en cuanto puedo para desconectar de todo y pasar un tiempo con mi gente. Pero, hace un tiempo, yo era bastante aficionado a estas cosas de la Semana Santa. Ahora puedo vivir sin salir a ver cofradías, sin ver un paso, pero algo queda. Por eso hoy, precisamente hoy, me ha dado por recordar aquellas Semanas Santas.

Aquellas en las que el domingo de ramos mis padres me sacaban estrenando casi todo, porque “quien no estrena el domingo de ramos, le cortan los pies y las manos” (eso me decían). Con el programa en la mano, callejeando por el centro, buscando la primera fila para que mi padre me acercase al paso para que pudiera ver a los costaleros debajo (siempre he sido extremadamente curioso). Las veíamos casi todas, y casi siempre terminábamos viendo La Paz, por el Parque de María Luisa.

Y vuelta a casa que el lunes tocaba salir de nazareno, con el Cautivo de Santa Genoveva, la hermandad de mi barrio (El tiro de línea). Desde muy pequeño hasta los quince años estuve saliendo de nazareno con mis primos y con mi padre. Con el apoyo logístico de mi madre y mi abuelo, y mis tías… Y los bocadillos de filetes empanados de mi abuela que tendrían vitaminas ultrapoderosas, porque te hacían recuperarte de manera milagrosa con cada bocado. Era (y es) un recorrido larguísimo, de los más largos de Sevilla. Y me acuerdo de como pesaba el cirio la primera vez que me dejaron salir con el. Y lo guay que era encenderlo. Y echarle cera a los niños (solo un poco más pequeños que yo) que hacían la típica bola de cera. Y el recorrido por el barrio, con muchísima gente fuera. Era ciertamente agotador. De hecho, creo que no volvería a hacerlo nunca.


El señor DeTamble es el mini-nazareno de la izquierda. El otro es su primo.

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Diálogos con Chica de Marte

Una mañana cualquiera:

CdM: Me gusta… ¿de quién es la canción?, ¿de “bell”?
SdT: Te parecerá cruel, pero cada vez que alguien dice “bell” en vez de Belle And Sebastian, Dios mata a un gatito.
CdM: Que cruel.

Por el Señor DeTamble

Diálogos.

Hoy, durante una mañana de papeleo más que interminable.

Yo: Chica de Marte,… ¿cómo serían los primeros que inventaron las comidas normales?,… quiero decir ¿cómo llega un tío y de buenas a primeras se inventa un trozo de jamón de york con un trozo de queso, lo empana, lo fríe y le pone de nombre “San Jacobo”?…

CdM: Venga, dime la verdad,… ¿tú te drogas?.

Por el Señor DeTamble y su síndrome postvacacional.

Les Quatre Cents Coups

Siempre he querido poner un título pretencioso en un post para luego soltar, como siempre, chorradas como pianos que no le interesan ni a perry (quitando a Chica de Marte, el resto de los que comentan en este blog son actores profesionales que cobran, poco, por su trabajo).

El caso es que, como ya conté en mi twitter, los días laborables entre el 24 de diciembre y el 7 de enero se deberían llamar semilaborables. Todo está más tranquilo. No suena el teléfono (apenas), hay menos cosas por hacer, hay menos problemas y la gente está más calmada, ya sea por el espíritu navideño o porque le echan cosas raras a los polvorones (cosas más raras se han visto y más se perdió en la guerra).

Total que en días como los de hoy, mientras hablaba con Fernando (uno de nuestros comentaristas remunerados) sobre mi miedo al dentista y el tamaño descomunal de la muela del juicio que me está saliendo, él estaba rellenando con la profesionalidad y meticulosidad que lo caracteriza, un libro de registro con todo lo que se había hecho durante la mañana. A mano. Y esto dió lugar a esta conversación:

Sr. DeTamble: ¿y ahí lo tienes que apuntar todo?
Fernando: Todo.
SdT: ¿a mano?
Fer: a mano.
SdT: pero,… ¿esto se hace así en todos los sitios o es algo que hacéis solo aquí en Sevilla?
Fer: en todos los sitios……. bueno,….. yo solo he trabajado en Sevilla, claro.
SdT: normal.
Fer: esto parece una de esas conversaciones que salen en tu blog, como cuando Chica de Marte te agarró del brazo y tú decías que parecía un Policía Nacional.
SdT: de esas, Fer, de esas que salen en mi blog.

Por el señor DeTamble y su tercer molar del tamaño de un adoquín de los grandes que está casi fuera ya pero parece que le está dando cuatrocientos golpes en la cara.

La historia del pequeño (pero gordito) Señor DeTamble en la función de Navidad.

Hace unos años, cuando yo tenía 6 (hace 23 años aprox, entonces) no existían ni internet, ni los ipods touch, ni el canon digital. Lo que sí existían eran las funciones navideñas en los colegios por estas fechas de última semana lectiva.

En aquella ocasión mi clase tenía que hacer la típica representación del portal de Belen con los pastorcitos, las pastorcitas, los ovejitos y las ovejitas, el niño Jesús, San José, la Virgen María, la mula,el buey, la estrella de oriente, los tres reyes magos y hasta el cartero real (si faltaba algún niño por darle un papel). Los pastorcitos cantaban un villancico de los clásicos (no recuerdo cual). En fin, con la suerte que siempre he tenido para los papeles protagonistas (ser el rey negro hubiese molado mil millones), me tocó hacer de pastorcito junto con un par de cientos de niños más.

Mi madre me preparó un traje de pastor de lo mejorcito. Los pantaloncitos de pastor, la camisita de pastor, el bastón de pastor, el chalequito de borreguito, el zurrón y el gorro, también de borreguito,… en fin, lo que suele llevar el pastor estándar. Pero para darme un toque de distinción y verosimilitud, me compró un pan de Kilo (1000 gramos de pan) en Polvillo (una conociad cadena de panaderías sevillana) para rellenar el zurrón.

Total, que ataviado de pastor y con mi pan de kilo metido en el zurrón, nos fuimos a donde se hacía la función (creo que era en la Universidad Laboral, ahora Universidad Pablo de Olavide) en un taxi. Yo como buen niño gordito con ansiedad pre-escénica, no paraba de darle pellizquitos al pan para comer algo y calmarme un poco bajo la descuidada supervisión de mi madre.

Finalmente llegamos, esperamos el turno de nuestra función,… y subimos al escenario. Subimos todos mis compañeros y yo, con mi gorrito, mi chalequito de borreguito, mi bastón y mi zurrón… pero sin el pan de kilo. Bueno, el kilo de pan estaba, pero dentro del pequeño tubo digestivo del todavía pequeño (pero gordito en ciernes) Señor DeTamble.

Por El Señor DeTamble

A veces las cosas salen. Una historia en prosa sobre la fragilidad de los cables de los adaptadores de corriente.

Ayer domingo, después de haber escrito el post de todos los fines de semana y después de la cena, me levanté del sofá y tropecé con el cable del adaptardor de corriente del iBook (mi portátil). Con la mala suerte de que el ordenador estaba mucho mejor agarrado de lo que yo creía y el cable se “salió” del conector casi deshilachado. Yo ya sabía que el conector no andaba muy bien de salud, pero vamos, no esperaba este trágico final. Ya sabemos por qué Apple cambió el conector de los siguientes portátiles al magnífico y magnético “mag-safe”.

Tras el tropezón-ninja-mortal, y con una anticipación digna de los mejores jugadores de Tetris, empecé a darle vueltas a la cabeza: estoy no hay manera de repararlo, ahora dódne encuentro yo uno de estos, porque el ordenador ya no se vende, ahora voy a tener que comprarlo en internet de segunda mano y a saber como me viene, esto va a costarme carísimo, ahora que hago yo tantos días sin el ibook (el nuevo lo tengo en la segunda planta y no siempre puedo subir para hacer algo)… total una strawberry-snowball mental que no veas.

Finalmente hoy mi novia ha conseguido hacerse con el único adaptador de corriente que quedaba en nuestra tienda Apple habitual. Así, tan fácil y tan sencillo. Una llamada de teléfono, un “¿tienen un adaptador para un iBook G4”, un “sí, aquí nos queda uno”, y un “vale, esta tarde me paso”… y ya está.

Y para animarme después de un día de trabajo duro como el de hoy, un video con dibujitos, muchos colorines, música de 8 bits y, por supuesto, en japonés.

Por el Señor DeTamble


Flickr DeTamble