Archive for the 'Relatos' Category

1ª versión de relato de chica de Marte: Anillo de Möebius

Anillo de Möebius ó El Ocaso de las Diosas 
Y la luz se hizo. 
Fue muchos milenios después de que un tal James Watt inventara lo que se conoció como la primera máquina de la historia del hombre. Génesis, la gran computadora presidenta honorífica y máximo mandatario de la confederación interoterrea, había  ganado aquella ardua batalla después de siglos intentando descubrir la forma y la manera. El sol de nuevo, tras un año de fría  y desolada inactividad volvía a brillar. El calor volvió a inundarlo todo y empezo a derretir la escarcha que se acumulaba en las calles. 


La gente fue debidamente informada mediante sus células de información digital de que por fin podían volver a salir a la calle. Y muchos no lo hubieran hecho. Muchos hubieran seguido disfrutando periodicamente de los paraisos virtuales que en su propio salón Génesis les proporcionaba o viviendo las aventuras cibernéticas que encontraban en sus sistemas microelectrónicos de divertimento, si todo no se hubiera parado repentinamente. Golpearon los monitores pidiendo explicaciones. Algunos previsores, los menos, usaron las cargas de las baterias que habían recordado preparar como Génesis les había encargado hacer. Pero los satélites de respuesta de preguntas ya no contestaban nada, solo informaban de que era imposible conectarse con la central.
La gente primero se quedó sin reacción, pero poco a poco se fue haciendo sitio en algunas mentes, las más avispadas, la forja de una idea terrorífica. Genesis les había avisado de que debían desconectar todos los equipos electrónicos, salvo los indispensables para afrontar el frio atenazador, porque estaba realizando una diligencia muy complicada y necesitaba de toda su energía de afrontamiento para poder volver a hacer funcionar el sol y para poder afrontar después la nueva climatología. Todos miraron a sus salones donde segundos antes el robot cocinero preparaba los más suculentos manjares, donde se proyectaban cascadas y pequeñas piscinas naturales donde los más pequeños se entretenían mientras los mayores se dedicaban a dar un paseo virtual por casa de los abuelos. Nadie había hecho caso de las advertencias de Genesis y ya ella avisó de que habría una posibilidad, pequeña pero posibilidad, de que ella no aguantara todo el proceso. La gente empezó a sentir el calor después de que los termorreguladores digitales espirasen con un chirrido. El mundo perfecto que conocían había muerto. Una mujer soltó horrorizada una oblea macrobiótica con sabor a manzana que había empezado a saborear apenas y miró donde antes se levantaban las paredes de fibra de calcio y otras aleaciones orgánicas que Genesis proyectaba para cada casa. Ya no había nada, solo desolación. Los vecinos se miraron unos a otros. Muchos no se conocían. La mayoría. 
Una nueva era había empezado para todos La gente comenzó a desmayarse por el calor. Pero ya no funcionaba el autómata médico, ni el holograma enfermera para cuidarlos.  Tambien empezaron a sentir punzante el hambre. Ya las pequeñas pildoras y obleas nutrienergéticas que habían encontrado recién preparadas por los robots cocineros habían sido engullidas. Nadie sabía preparar otras. Ni siquiera nadie sabía lo que llevaban. Nadie había tenido nunca que saber nada. Genesis se encargaba de solucionar la más mínima duda que les surgiera. Pero ya no estaba ella, que les había advertido que si no seguían sus pequeñas instrucciones tendrían que sudar para conseguir lo que normalmente solo tenían que alargar el brazo para conseguir.  Y ya no estaba, y con ella, habían desaparecido todos los saberes que la tierra había conseguido acumular en sus milenios de existencia, reservados desde los prehistóricos tiempos del primer internet en la red de miles de computadoras que al fin y al cabo solo eran una, Génesis. 
Empezaron años muy difíciles. Se dieron cuenta que los animales que encontraban saciaban también ese dolor en las tripas que les recordaba que tenían que alimentarse para vivir Años de gran inseguridad y desconfianza en las calles, en las que empezó a imponerse la ley del más fuerte. Ya empezó a valer todo, en aquella guerra en que incluso los hermanos eliminaban a pedradas a los hermanos. 

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1er relato colectivo del Blog del Sr. DeTamble y una chica de Marte

Por fin lo hemos terminado. No será el último, desde luego. 

DE MARTE A LAS VEGAS (il maestro d.l.alturas)

Llovía. Y era la primera vez que veía llover en Marte. No estaba acostumbrada al sonido que era como un repiqueteo de tacones, al olor a mojado. Y le gustó. Decían que había un planeta llamado tierra en el que llovía a menudo. Pero no podía estar segura que fuera cierto. Hasta que llegó él.(cdm)

Llegó a la carrera, con un traje gris y un jersey de cuello vuelto debajo. A ella sólo le sorprendió una ropa tan abrigada teniendo en cuenta que hacía frío.(nía)

Su curiosidad aumentaba mientras veía la vida de ese extraño planeta. No conocía el mar. Pensó que la lluvia había llegado antes que en Marte, y la gustaba ese olor salado y misterioso que se colaba dentro de ella.(tabernero)

Dejó que la lluvia le acariciara. Se paró a observar un charco curiosa. Miró su reflejo en el agua y se dio cuenta de que no estaba sola. Alguien miraba el mismo charco que ella. Subió la cabeza y sus ojos se encontraron con otros ojos que tenían el mismo color de Marte. Completamente rojos.(chessire)

– Buenas noches, señorita – dijo el desconocido, en perfecto castellano con marcado acento portugués…
– ¿lleva mucho esperando?(sr deTamble)

Ella se sorprendió.
-Disculpa,¿me habla a mi?.- Preguntó asombrada de entender el significado de las palabras de aquel hombre que hablaba un lenguaje extraño.
.-¡Pues claro! ¿No me reconoces?.-Dijo él, y ella se sorprendió aún más, porque hubiera jurado que no había visto jamás a aquel individuo (cdm)

– Qué mala memoria tienes – Dijo el extraño en medio de una carcajada – He venido a recuperar mi paraguas. Ya te dije que vendría a por él cuando lloviera.

– Sigo sin entender nada de nada. Y a usted no lo conozco… Si no, me acordaría… Creo…- Ella estaba visiblemente preocupada. Era demasiado joven para ir perdiendo memoria tan pronto.

– Ay si, perdona… El que tiene mala memoria soy yo. Ahora recuerdo que nuestro encuentro todavía no ha ocurrido. – El hombre se miró el reloj con preocupación – ¡Es este maldito trasto! Esta máquina del tiempo hace conmigo lo que quiere. Es normal que no te acuerdes de nuestro encuentro. Sucederá en el futuro.(chesire)

Ella dió dos pasos hacia atrás.
.- Por favor, no te asustes.- Dijo él agarrándole el brazo.
Ella palideció aún más.
.- Créeme, por favor. Te prometo que no te miento. Si me lo hubiera inventado como podría saber que te llamas Wanda. Que a veces, te sientes extraña, como si no fueras de este mundo y que solo te consuela sentarte a observar tu jardín de cactus enormes y naranjas.Cómo podría saber que te gusta mojar galletas en zumo de limón y que aún echas de menos a tu primera mascota, que se llamaba Tritón…
El le sonrió.
.-Comprendo que estés nerviosa, que estés confusa, que no comprendas. Tranquilízate. ¿Nos tomamos algo y te cuento de que va esta historia?(cdm)

Vale, dijo ella temblorosa.

Que te apetece tomar? acabo de guisar unas papas con carne en una cazuela de barro que están estupendas. respondió él.

En ese caso tomaré un plato para ver si entro en calor, tengo mucho frio y seguro que me sienta muy bien.

La invitó a pasar al salón mientras le servía el plato, en el televisor estaba sintonizado un canal donde retransmitían una corrida de toros de José Tomás, ella al observar tan grandiosa obra de arte se quedó paralizada con la boca abierta y no pudo articular palabra.

En ese instante entro él y se quedó observándola………(fernando)

 Ella se dió cuenta y se sobresaltó, lo miró, miró el plato que tenía en la mano el hombre, el antiguo y extraño aparato que proyectaba imágenes de seres que no conocía, y se sintió como si durante un periodo de tiempo hubiera estado soñando y hubiera actuado sin ser consciente de sus actos.
Empezó a sudar y pensaba que había perdido el juicio, porque lo peor es que aquellas cosas, aunque extrañas y desconocidas, no le dejaban de resultar vagamente familiares.

Sólo se limitó a susurrar:
.- Pero, por favor, ¿dígame de una vez quien es usted?(cdm)

No puedo decirtelo, Wanda. Para que esto ocurra en realidad tienes que recordarlo tu misma.

Ella se sintió aún mas preocupada, ya que aunque reconfortada por las papas con carne, sentía un vacío interior que le impedia recordar.

Pensó que si dormia igual soñaba con todo lo que le estaba pasando y podía recordar.

Ya le pasó también aquella otra vez que tampoco pudo recordar…(Trimama)

Entonces ella era joven, casi una niña, pero consiguió solucionarlo. Lo que realmente la preocupaba era todo lo que ese hombre, perfecto conocedor de su persona, había dicho sobre el viaje en el tiempo.
– ¿Cuando ocurrirá?- Esa pregunta revoloteaba dentro de su cabeza hasta que la dijo en voz alta.
– No te preocupes querida. ¿Has terminado ya? Deja que te retire el plato-.(el tabernero)

 Y es curioso como de repente cambió todo a su alrededor, y ahora se encontraba en las vegas, barrio popular de Sevilla donde no entra ni la policia. Rodeada de gitanos, cantando alrededor de una candela, podia ver como la luz se perdía en el horizonte y las chispas del fuego le recordaban aquellos años de su infancia en marte. Un gitano, al que llamaban er langosta, se arranco con unas bulerias callejeras – tiriti tran tran tran, tiriti tran tran trero…
Y Wanda notaba como esa musica y ese sentimiento se le metian por todos los poros de su piel y al instante su cuerpo empezó a danzar al ritmo del cante y las palmas de los gitanos. Y los gitanos susuraban unos a otros sorprendidos de ver a una Pelirroja de casi un metro ochenta centimetros bailando Bulerias junto a la candela.(il maestro de las alturas)

Y penso, vaya subidón mas malo he tenido. Pues no que soñé que estaba en Marte y un tio me decia cosas raras.(trimama)

Micro-relato de una chica de Marte: Anillo de Moëbius (primer esbozo)

Anillo de Moëbius

A Nurinur

 

Cuando te marchaste, me pareció que el mundo había dado una vuelta de tuerca. Una brusca sacudida, algo infinito e inmenso que sólo yo había percibido. Recuerdo apenas como jugueteaba con esa bola de cristal donde una ciudad en miniatura, tranquila, inmutable, me contemplaba . Esa que tú un día me regalaste después de unos de tus viajes. Una ciudad ajena a los cambios, ajena a todos esas pequeñas tragedias que discurren entre las ciudades de verdad. La agité con furia. Y pensé que estaba loca, pero te juro que lo ví. A través de los copos blancos vi un hombre saliendo de una casa y una chica diminuta llorando desde una ventana y viéndolo marchar. Dejé la bola en la mesa, pensando que había perdido el juicio y me asomé a la ventana. Todavía pude ver como te montabas en el coche. Fuera, nevaba.

La terapia del son

Ayer por la tarde fue la presentación del libro de mi compañero y amigo Luis Miguel Rufino Rus, La terapia del son. Yo, por más que intenté hacer cábalas y que me cuadrara el tiempo, no llegué a tiempo para presenciarlo.

Este libro de relatos no os dejará indiferentes. Conociendo el estilo de este estupendo escritor, os lo recomiendo para cualquier regalo que tengáis que hacer (no os dejará mal) o para disfrutarlo vosotros mismos.

En fin, que os va a gustar!!!!

Enhorabuena, Luismi!!!!!

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Relatos de una chica de Marte: El pozo

Publicado en el libro “A un mar de distancia y otros relatos” (varios autores)

EL POZO

A Blanca Gonzalez-Saenz 

Los días nublados podía verla allí, quieta y silenciosa al final del pozo. Era una rara criatura, pálida, con una belleza tan extraña que parecía provenir de otro mundo. Me gustaba sentarme a observarla, recrearme en el color imposible de sus ojos, espiar en silencio su tristeza. El corazón se me partía de verla así, tan herida. Tan frágil. Hubiera querido ir a abrazarla, acurrucarla entre mis brazos y susurrarle que no estaba sola. Pero ¿cómo acercarme? ¿Cómo decirle? ¿Quien podría saber el lenguaje de aquellos salvajes seres? Como quien reza una plegaria, me encomendé al universal idioma de la  música. Comencé a cantarle. Siempre me han dicho que tengo una bonita voz. Ella al otro lado del pozo me sonreía. Frunciendo los ojos, miraba hacía mí y movía sus rosados labios. Me estaba hablando, aunque los sonidos de su garganta me llegaban demasiado lejanos. Quise acercarme más a ella, desoyendo las mil historias de los que, embaucados por blanquecinas sirenas,  se han perdido para siempre en el otro lado de los pozos Ella me extendía los brazos y yo que me moría por tocar su lechosa piel me encaminé hacia ellos ya completamente vencido. Pero ella fue más rápida. Cayó en mis brazos, temblorosa, confundida.  También  yo temblaba. La extraña criatura me miraba con sus ojos de luz y yo, desde mi aturdida oscuridad, le sonreía intentando tranquilizarla. Ella susurraba palabras que yo podía entender, me contaba que se llamaba Julia, que era una mujer, y que sólo me pedía la promesa de nunca abandonarla. Cogiendo sus blancas manos entre mis grises dedos le prometí que jamás lo haría. 

 Desde entonces vivimos aquí a este lado del pozo, aunque ya no nos asomamos a él, ni siquiera en los días nublados en los que su luz no hiere. Ella no quiere, teme que la encuentren los que aún la siguen buscando entre sus frías aguas.  Dice que los seres que viven al otro lado no nos entenderían, y que nos destruirían como hacen con todo aquello que no comprenden. Yo no entiendo muy bien lo que me quiere decir, pero la complazco igualmente, como me dedico a complacerla cada segundo, cifrando mi felicidad en los trazos de angustia que soy capaz de borrar de su cara cada día. Hoy, sin ir más lejos, incluso se ha reído. Por primera vez. Ha sido hace solo un instante, apenas unos minutos, cuando ha advertido la primera verdina que empezaba a adornar su pelo. 

 Una chica de Marte (MDGP)
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Fotografía de los jameos del Agua (Lanzarote)

CONCURSO DE MICRORRELATOS (¿Quién se anima?)

PARÉNTESIS CONVOCA EL 2º CONCURSO DE MICRORELATOS ANTONIO ALMANSA

07/09/2007.- http://www.malagaes.com

Paréntesis convoca el 2º Concurso de Microrrelatos «Antonio Almansa» con el objetivo de promover y alentar el trabajo de los escritores/as residentes en España.
Se establece un premio único de 1000 € al mejor microrrelato.Paréntesis publicará el trabajo premiado y una selección de los relatos finalistas si la calidad de las obras presentadas lo justifica. Cada autor/a renuncia expresamente a cualquier tipo de derecho patrimonial que se derive de la difusión de su trabajo.

El plazo de presentación vence el 31 de diciembre de 2007.

Si desea recibir el cártel del concurso y las bases, escríbanos un correo electrónico a:

Bases

1) Podrán participar todos los autores/as mayores de 18 años que lo deseen, residentes en España, con una obra consistente en 3 microrrelatos.

2) Los escritores/as deberán enviar sus obras escritas en castellano. La extensión de cada microrrelato no deberá exceder de 150 palabras —título incluido—.

3) Los concursantes presentarán, en un sobre único, tres copias de cada microrrelato, escritos a máquina o en ordenador, en cuerpo 12, a doble espacio, por una sola cara, en papel tamaño A4 y sin la firma o nombre del autor/a. Los trabajos deberán llevar en cada página el título del microrrelato y el seudónimo que decida utilizar el autor/a. Dentro del primero, un segundo sobre (plica), cerrado, contendrá una página con los datos personales del concursante (nombre y apellidos, edad, documento de identidad, dirección, teléfono, correo electrónico y breves apuntes autobiográficos). En el exterior de este segundo sobre (plica) sólo constarán los títulos de los microrrelatos presentados y el seudónimo.

4) Los originales se acompañarán con una declaración de que la obra es inédita y no ha sido premiada en otro concurso, y que sus derechos no han sido cedidos a ningún editor en el mundo (incluida dentro de la plica).

5) La dirección donde enviar las obras es:

Paréntesis
Apartado de Correos nº 14144
29080 Málaga

6) La presente convocatoria estará vigente desde el momento de su publicación hasta el lunes 31 de diciembre de 2007. Se admitirán obras con fecha del matasellos postal igual o anterior a la fecha de cierre, siempre que no se reciban más tarde del 8 de enero de 2008. Después de la fecha de cierre no se aceptará ningún trabajo.

7) El jurado será nombrado por Paréntesis. Su composición, integrada por personas vinculadas con el mundo de las letras y la cultura, permanecerá en secreto hasta la publicación del fallo.

8) El fallo del jurado será inapelable y se dará a conocer por distintos medios en marzo de 2008. El concursante que resulte premiado será notificado directamente. Tanto el premiado como el resto de participantes podrán consultar el resultado en nuestra web (www.tallerparentesis.com).

9) El jurado tendrá la facultad de declarar desierto el premio si considera que las obras presentadas no poseen calidad para obtenerlo. En este improbable caso, el premio se acumularía para la próxima edición del concurso.

10) Cada autor/a renuncia expresamente a cualquier tipo de derecho patrimonial que se derive de la difusión de su trabajo en las publicaciones de Paréntesis.

11) El ganador autoriza la utilización de su nombre e imagen con fines publicitarios y se compromete a participar personalmente en el acto de entrega del premio y en la presentación del libro.

12) Paréntesis no mantendrá correspondencia acerca de los originales presentados y no los devolverá; los no premiados serán destruidos por la Secretaría del concurso una vez fallados los premios.

13) El hecho de presentar trabajos en este concurso supone la total conformidad de los autores/as con sus Bases. La interpretación de las mismas, o de cualquier aspecto no previsto en ellas, corresponderá al jurado.

14) Todo trabajo que no cumpla con lo dispuesto en estas Bases quedará excluido del concurso.

Para más información dirigirse a:

Paréntesis
Apartado de Correos nº 14144
29080 Málaga

Relato de una chica de Marte, EL IMITADOR

El imitador

   

Nadie quería ser el primero en confesarle a Ernesto Cambrin su verdadera opinión sobre el relato que acababa de escribir. Todos le habían alabado la técnica, el estilo, el tema, el tono, y no obstante Ernesto podía percibir en la atmósfera un gran pero flotando sobre sus palabras.  Lo que ninguno quería decirle y al final, como siempre, se decidió a comunicarle Amalia Cruz es que aquel relato era una clara imitación de los relatos de Borges. Ernesto se sorprendió mucho, pues apenas había leído al bonaerense, pero se resignó a desterrar todas aquellas fabulosas ideas góticas y laberínticas de sus ganas, disponiéndose a escribir un relato completamente diferente. Cuando les presentó el nuevo relato, todos se rieron porque pensaron que Ernesto bromeaba. Pero no lo hacía. De nuevo fue Amalia la encargada de advertirle que había copiado, magistralmente eso sí, el estilo de Carver. Ernesto casi enloqueció, se dedicó a escribir compulsivamente, y a entregar a sus compañeros cada semana un nuevo relato. Acertadas imitaciones de Asimov, de Bradbury, de Calvino, de Cortazar, incluso de Bukowski desfilaron ante sus atónitos ojos. Ernesto se desesperaba porque no copiaba conscientemente, le salía así, aseguraba. Una semana llegó apesadumbrado al club y entregó diez folios a los demás, que se  preguntaban a que genio literario le tocaría el turno aquel día. Sin embargo, cuando lo leyeron se dieron cuenta de que aquel relato era distinto. No se parecía a nada que hubiesen leído antes. Tan bueno como los otros, pero original. Todos quedaron maravillados y admiraron hasta la saciedad su arte contador.  Ernesto sonrió tristemente antes de marcharse y jamás volvió a aparecer por aquellas reuniones. Amalia que se lo encontró un día, mucho tiempo después, contó que él le había asegurado que había perdido el entusiasmo en la escritura, que todo lo que en forma de idea fascinante le subyugaba del proceso creador ya estaba escrito, y que si tenía que erradicar eso, sólo le quedaba escribir relatos como los del último día. Amalia sorprendida le había  dicho que aquel relato era una obra maestra, diferente y genuina, pero él antes de despedirse de ella le había contestado: Sí, pero no es mi estilo. 


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